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LA ANSIEDAD Y ESTRES EN EL ADULTO MAYOR

La ansiedad y la depresión son muy frecuentes en el adulto mayor y pueden causar gran sufrimiento.

Sus causas:
Autoimagen negativa: sentirse viejo, inútil, limitado por las enfermedades, sin afectos.
El aislamiento, especialmente por viudez y alejamiento de los hijos; este alejamiento de la familia es mayor si el adulto mayor ha sido una madre poco afectuosa, un marido infiel. Para evitar la soledad, se recomienda tener amistades y unirse a los grupos de vecinos.
Limitaciones económicas que, en gran medida, dependen de la falta de previsión durante la juventud.
La jubilación significa disminución de los ingresos económicos y, en el hombre, falta de actividad que puede llevar incluso al alcoholismo. Por este motivo, se aconseja seguir trabajando, aunque sea con menor horario o en trabajos voluntarios, y acostumbrarse a realizar actividades en la casa.
Mala salud física (que podría evitarse con medidas preventivas y tratamiento médico).
Debemos tener presentes las ventajas de ser adulto mayor:

la experiencia, el tiempo libre.

Debemos mantenernos activos, ser amistosos.

La jubilación no es para descansar, es para iniciar nuevas actividades, de acuerdo con nuestras capacidades.

Debemos reconocer el estrés y aprender a relajarnos.
El estrés puede expresarse como dolores de cabeza, dolores musculares, indigestión, trastornos del apetito, del sueño, nerviosismo, irritabilidad, etc. Para controlarlo debemos disminuir las exigencias que nosotros mismos nos imponemos, hacer ejercicios ligeros, aprender a relajarse. Si esto no es suficiente debe consultar médico.

La participación en nuevas actividades es más fácil para la mujer que para el hombre. El hombre suele decir "estoy jubilado y tengo derecho a descansar", suele mirar en menos o sentir vergüenza de participar en labores de artesanía, en un voluntariado, un coro o un grupo de gimnasia.

Finalmente, debemos estar dispuestos a aceptar el inevitable decaimiento físico y mental; debemos estar preparados para disfrutar de pequeños agrados, de un saludo amable, de la tibieza de un día otoñal, de una fotografía que nos recuerda personas que ya no existen. Debemos aceptar lo inevitable de la muerte de seres queridos y la propia muerte. La fe en una vida después de la vida puede hacer menos duro ese trance.

Debe estar dispuesto a disfrutar de pequeños agrados de la vida cotidiana.

Debe estar dispuesto a iniciar nuevas actividades, a conocer otras personas, a ser voluntario.

Debe tener fe.